Mientras iba a la facultad, previo examen, me di cuenta de que conservo uno de esos gustos infantiles que es esperar las cosquillas en la panza después pasar por un puente. Más allá de eso, si estoy muy aburrida y no tengo otra cosa a la cual prestarle atención el hecho del puente se vuelve significante. Hoy pasé por abajo del que está bien cerca del hospital de Gonnet y se me escapó un: qué divertido! Hola, tenes dieciocho años, qué le ves de divertido a pasar por abajo de un puente? Ni idea, pero en ese momento me hizo poner contenta. Son como un cambio en el paisaje, un subir y bajar. Venís todo igual, un poco de curvas pero nada más y el puentecito le pone un toque mínimo de adrenalina.
Después, otro hecho que me hizo muy bien para amainar los nervios fue la caminata eterna hasta llegar a 7 y 48. Estaba ultra abrigada, con un paquete de rocklets a mí entera disposición y con música nueva en mi celular. Este último dato no es nada menor, porque ya estaba harta de escuchar siempre lo mismo, asique hoy renovamos un poquito.
Listo, ya había rendido el examen, me subo al micro que estaba MILAGROSAMENTE vacío y tengo tal suerte que se me desabrocha el corpiño. Increíble lo que sufrí en cada pozo y salto que pegó la hx28 y lo escalofriante que me resultó el sólo hecho de pensar en intentar abrocharlo con mis manitos heladas. Olvidate.
Y me bajo del micro, y ocurre algo que paranoicamente me molesta: otro pasajero se baja en la misma parada que yo y va todas las cuadras atrás mio. Juro que me siento perseguida. Por suerte era una mina, pero me ponía nerviosa y para colmo no me pasaba más. Recién dobló en la esquina de casa la simpática.
Es cualquier cosa esta entrada, una mezcla de boludeces que a nadie le importan. Pero, tengo la cabeza quemada, no esperen mucho de mi en estos días a nivel intelectual porque Freud me dejó en coma cuatro.
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